
www.bodley.ox.ac.uk
Como todos lo grandes viajeros, yo he visto más cosas de las que recuerdo, y recuerdo más cosas de las que he visto.
Benjamín Disraeli

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Como todos lo grandes viajeros, yo he visto más cosas de las que recuerdo, y recuerdo más cosas de las que he visto.
Benjamín Disraeli

Entre la variedad de museos que ofrece la ciudad de Londres y el hecho de que la entrada a los mismos sea gratuita en la mayoría de los casos, elegir uno en concreto es una tarea difícil. El British Museum y la National Gallery están entre las primeras opciones pero, si lo que de verdad queremos es aproximarnos a la historia del arte británico desde la época moderna hasta nuestros días, debemos visitar entonces sin duda la Tate Britain.
El edificio que alberga sus colecciones, construido a finales del siglo XIX por Sidney Smith pero sujeto a múltiples modificaciones posteriores, se encuentra en la gran avenida de Millbank, al sur de Westminster, donde el comerciante de azúcar Sir Henry Tate comenzaría la colección privada de arte que posteriormente recibiría su nombre. En la década de los noventa, la colección superó la capacidad prevista del edificio, por lo que se decidió la creación -en los márgenes del Bankside- de la Tate Modern para albergar las piezas más recientes. Ambos museos se encuentran ligados hoy a través de una red de cruceros fluviales que parten, aproximadamente, cada cuarenta minutos desde los muelles situados frente a los museos, siempre dentro de los horarios de apertura de los mismos.
Interesantes por la perspectiva de los doscientos años desde su ejecución, son algunas de las pinturas que alberga la sala 8 del museo. En ella, el visitante tiene acceso a las escasas obras que nos han llegado de la poco exitosa exposición que realizó el pintor y poeta William Blake en 1809, en el pequeño comercio familiar que en aquel momento regentaba su hermano. Son apenas diez pinturas, siempre alegóricas, oscuras la mayoría de ellas –lo que hace pensar en lo difícil que debió de ser poder apreciarlas en su conjunto a la luz de las velas-, y siempre relacionadas con temas bíblicos, que el autor acompañó de un catálogo redactado por él mismo y que nos ayuda realmente a entender el propósito de su realización.Los comentarios del único crítico que le dedicó en su dia una reseña no son nada favorables pero, si nos detenemos a pensarlo, en estos momentos, tantos años después, recordamos el nombre de Blake pero no el del crítico.

Para aquellos que se decidan a viajar a Edimburgo en el mes de agosto, decirles que no hay mejor mes del año para hacerlo que ese. Además de las ventajas del clima en la fría ciudad escocesa durante esta época del año, se van a encontrar con una ciudad vibrante y volcada de lleno en un festival que está dedicado a todas las artes escénicas en general y que está presente en cualquier parte de la ciudad.
El festival se inaugura el 7 de agosto y finaliza el último día del mes, durante sus tres semanas de duración se suceden en él espectáculos de danza, teatrales, musicales, de humor, exposiciones, y algunos dedicados especialmente al público infantil. Para quien desee reservar entradas, éstas pueden adquirirse desde el pasado día 15 en la página especial del festival.
El origen del festival lo encontramos en los años posteriores a la segunda guerra mundial, aproximadamente en 1947 cuando, con la intención de unir a los países europeos devastados por la guerra a través de la cultura, se pretendió reunir en la ciudad a un grupo de músicos europeos. Al margen de esto, un grupo de seis compañías de teatro escocesas y dos inglesas empezaron a ofrecer al mismo tiempo representaciones teatrales por cuenta propia. Nacía así un festival que, paño tras año, ha ido aumentando el número de su oferta cultural y que recibió su nombre, The Fringe –que, en ingles, significa algo así como limite-, gracias a un crítico que lo situó en sus inicios al margen de las manifestaciones culturales oficiales
El momento en el que el festival tomó su forma actual fue a finales de la década de los años setenta, con la introducción de los espectáculos de comedia tan célebres en nuestros días. Pero lo que proporciona indudablemente su carácter a este festival es la ausencia de cualquier control artístico sobre lo representado por parte de los organizadores, es decir, la total libertad que ofrece a los artistas.